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Moto del día: Harley-Davidson Sprint CRS

Gracias a su bajo centro de gravedad, esta montura fue perfecta para las carreras de Flat-Track

A primera vista, lo cierto es que la Harley-Davidson Sprint CRS no es precisamente lo que la mayoría de la gente tiene en mente cuando se habla de la marca estadounidense. Sin embargo, esta versión Scrambler de la Sprint se vendió estupendamente a caballo entre los años sesenta y setenta, dando plenamente en la diana de lo que multitud de compradores estaban pidiendo justo en aquellos momentos. Así las cosas, los directivos de Harley-Davidson descansaron satisfechos, viendo los excelentes resultados dados por su aventura italiana con Aermacchi. Sin duda uno de los episodios más interesantes en la historia de la histórica casa motociclista y, por tanto, algo digno de contar paso a paso.

Para empezar, lo mejor será situarnos a finales de los años cincuenta en los Estados Unidos. Un país donde las especialidades Off-Road como la pista plana ya eran bastante populares desde los años seminales del motociclismo, con las luchas empedernidas entre los pilotos de Indian y Harley-Davidson por colocar a sus respectivos equipos en lo más alto de multitud de trofeos organizados a lo largo y ancho del país. No obstante, sobre esta buena base de aficionados al correr sobre tierra las especialidades provenientes del Reino Unido también comenzaban a estar de moda. De esta manera, desde el Motocross hasta el Trial fueron haciéndose un hueco por el que, de hecho, se colaron marcas catalanas como OSSA, Montesa o Bultaco.

Consciente de cómo se estaban larvando todos aquellos cambios, Harley-Davidson percibió un fallo muy importante en su gama. No en vano, ésta no contaba con experiencia en el mundo de las bajas cilindradas. Aquellas que, justamente, le podrían dar una buena cuota de mercado según las motocicletas de Cross pensadas para un público joven, masivo y popular se fueran popularizado. Con todo ello, había dos opciones entre las cuales elegir. La primera era invertir una enorme cantidad de dinero en desarrollar motores propios con menos de 300 centímetros cúbicos. La segunda consistía en buscar una pequeña marca con experiencia en el tema dispuesta a vender sus conocimientos.

Harley-Davidson Sprint CRS, una de las que vino de Italia

Sabedora de que en Italia había tantas casas motociclistas como saber hacer en materia de bajas cilindradas, Harley-Davidson inspeccionó el mercado italiano hasta dar con Aermacchi. Nacida al calor de la aviación, tras la Segunda Guerra Mundial ésta tuvo que reciclarse a la vida civil – al igual que hizo por ejemplo shoppingmode Piaggio – de cara a sobrevivir en un mercado dominado por el bajo poder adquisitivo de la población. Puesta en esta tesitura, Aermacchi enfocó su producción al mundo de los ciclomotores y motocicletas turismo con carácter popular.

Es decir, sabían muy bien cómo hacer los motores que Harley-Davidson estaba buscando. Por ello, en 1960 la casa estadounidense compró el 50% de la italiana, encantada con la operación debido a la difícil situación atravesada por el motociclismo transalpino tras la popularización del automovilismo con modelos como el FIAT 500 o el Ford Anglia. Algo, por otra parte, muy similar a lo ocurrido en España desde la aparición del SEAT 600 en 1957. Así las cosas, Harley-Davidson no sólo empieza a lanzar motocicletas de baja cilindrada en el mercado propio, sino que también entra en el italiano para, incluso, acabar compitiendo en el Mundial de Velocidad.

De todos modos, regresando a lo que estaba pasando en el mercado americano hay que indicar cómo los pronósticos se cumplieron. Por ello, a mediados de los años sesenta ya eran multitud los jóvenes con deseos – y posibles económicos – de adquirir una de las llamadas Scrambler. Es decir, adaptaciones camperas de motocicletas turismo popularizadas gracias al auge de las marcas británicas y españolas. Sin duda unas máquinas de lo más versátil, ampliando los horizontes de conducción desde una base mecánica sobradamente conocida sobre el asfalto. Una operación redonda para cualquier marca que no contase con demasiado dinero como para diseñar modelos específicos desde cero.

No obstante, en el caso de Harley-Davidson toda aquella tarea quedó delegada en Aermacchi. Gracias a ello, hacia 1967 presentó la Sprint CRS. Derivada de la Sprint de carretera, ésta era una Scrambler de precio accesible con un monocilíndrico de cuarto de litro capaz de entregar 25 CV gracias a sus válvulas OHV. En suma, un producto perfecto para lo que buena parte de los usuarios estadounidenses estaban demandando. Además, tuvo una virtud algo inesperada al ser usada de forma muy extensa en las sempiternas carreras de pista plana, Flat Track. Y es que ahí, gracias a la colocación de su motor en una posición horizontal y muy baja, lograba un centro de gravedad bajo y estable capaz de dar el ansiado aplomo buscado por los amantes de dicha especialidad. En suma, la Harley-Davidson Sprint SRS fue todo un éxito gestado, eso sí, en Italia.

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