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Moto del día: Harley-Davidson (Aermacchi) CR-TT 250

  • Foto del escritor: JSR
    JSR
  • 20 ene
  • 3 Min. de lectura

Si hoy te digo “Harley-Davidson de 250 cc”, probablemente pienses en algún modelo moderno de acceso para el mercado asiático fruto de alguna alianza comercial. Pero en 1965, eso significaba algo mucho más serio: una purasangre de carreras con genes italianos. La Harley CR-TT es el resultado de cuando en Milwaukee se dieron cuenta de que, si querían ganar en circuitos de verdad y frenar la invasión japonesa, necesitaban aprender a hablar italiano.

A principios de los 60, Harley-Davidson estaba en una encrucijada. Sus grandes V-Twin eran los reyes de la autopista, pero en las tiendas los jóvenes pedían motos ligeras y en los circuitos las marcas niponas empezaban a dictar las reglas. La solución fue pragmática: compraron el 50% de Aermacchi.

No fue un matrimonio por amor, sino un “matrimonio de conveniencia” que permitió a Harley vender motos pequeñas de calle y, sobre todo, poner su logo en máquinas de competición de primer nivel. La CR-TT nació en Varese, pero llevaba la firma de Wisconsin, creando una de las paradojas más fascinantes de la historia del motociclismo.

Lo que hacía especial a la CR-TT de 1965 no era su estampa –que ya era preciosa con ese carenado minimalista–, sino su motor monocilíndrico de cuatro tiempos con el cilindro en posición horizontal. Esta configuración no era capricho: permitía bajar el centro de gravedad al máximo y dejaba que el aire fluyera de forma óptima para refrigerar la culata.

Nada de vibraciones de “tractor” ni par motor a bajas vueltas. Este molinillo de 250 cc, alimentado por un generoso carburador Dell’Orto SS1 de 30 mm, entregaba 28 CV a 9.500 rpm. Para que te hagas una idea, estamos hablando de una mecánica OHV (vibraciones y varillas) que pedía guerra a regímenes altísimos. Con una caja de cambios de cinco velocidades bien escalonada y un peso pluma de solo 102 kg, la moto era un proyectil capaz de rozar los 190 km/h.

Pilotar una CR-TT no era para cualquiera. El chasis era una estructura multitubular de acero que hoy nos parecería de juguete, pero que en su día ofrecía una rigidez sorprendente. Eso sí, para detenerla después de lanzarla a casi 200 km/h, dependías de unos frenos de tambor Oldani de 200 mm con doble zapata en el tren delantero.

Era una moto “puntiaguda”, de las que te exigían llevar el motor siempre arriba para no quedarte clavado a la salida de la curva. Si sabías llevarla, eras imbatible en circuitos ratoneros; si no, era una máquina temperamental que te recordaba en cada reducción su origen latino.

Si buscas exclusividad, aquí tienes el dato definitivo: solo se fabricaron 35 unidades de la versión CR en 1965. No era una moto de producción en masa; era una “carreras-cliente” destinada a pilotos privados con aspiraciones de podio. Su precio de salida, unos 690 dólares de la época, parece hoy de risa, pero era una inversión seria para correr en la categoría de 250cc.

Esta moto es, en realidad, el prólogo de una era dorada. De estos experimentos con Aermacchi saldría la base para que, una década después, Walter Villa se coronara cuatro veces campeón del mundo –250 centímetros cúbicos y 350 centímetros cúbicos– con los colores de Harley-Davidson.

La CR-TT es la prueba de que Harley-Davidson tuvo un pasado donde la ligereza, la aerodinámica y la velocidad pura eran la prioridad absoluta antes de que decidieran centrarse en vender nostalgia y cromo. Es la antítesis de la marca moderna: ruidosa, ligera, difícil de llevar y exquisitamente italiana. Una joya que nos recuerda que, a veces, los experimentos más extraños son los que mejor sabor de boca dejan en la historia.

 
 
 

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